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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...
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Reflejo en mi Espejo

Ávido estará tu reflejo siempre en mi espejo por cuánto ese reflejo no fue más que aire, ese aire animal que por consecuencia nos dejó la gracia, gracia animal, vanidosa y teatral que bien conoces eso que conoces de sobra pero de lo que no hablas, no lo hablas con nadie porque te delata, y bien sabes que te delata porque descubre tu arrogancia Esa arrogancia falaz y altanera del poeta sin sentido, ese sin sentido que haces sonar en tu guitarra, esa arrogancia con la que adornas tu prosa, eso que repites en tu discurso vacío discurso vacío y tormentosamente cínico. Pero yo bien te conozco, sé que no eres más que semicírculos perdidos no eres más que un par de notas elípticas arrojadas en un piano, Eso que suena bien para un oído que no ha sido adiestrado. Lo supe cuando pasamos noches y días en una barra de miseria y humo humo que saturaba nuestros cuerpos intoxicados con cerveza y con mal vino En esa barra fría en donde chocamos nuestros rostros frente a mi espejo. ...

Mentira

Pasan los años y aún se mece tu esperanza de niña frágil Aposada entre las palabras y la música de una promesa inmóvil Te llenas de belleza y cánticos siúticos en una mentira tácita Mentira que construyes en cada movimiento de tu mente estrecha Así pasas las horas y los días y los meses y los años Apostando a que mañana será distinto por obra y gracia de la vida Como si la vida estuviera escrita en un papiro mágico o fueran mandamientos que dictan lo que tienes que hacer cada día Tal vez no te das cuenta o no quieres darte cuenta Al fin de al cabo mañana habrás olvidado Y los que no han olvidado sabrán aceptarlo.

Multiverso

La muerte lleva consigo En su escritura de sal El secreto a voces de la vida El extemporáneo secreto del devenir. En el verbo conjugado de lo intemporal Lo que llamamos miseria humana No es más que una salvación sistémica Es el balance de la ecuación. Allá donde ya hemos ido Mil veces en un eón Ahí la vida sigue sobre lo que llamamos muerto Ahí es donde el universo se hace canción.

Paroxismo

Ni El aire por el aire, que no se libere la espora que el océano se haga  inhóspito que tome su curso mi nave solitaria que no me alcance el amor ni desgarrado ni paupérrimo ni el amor de aire ni de nave solitaria que me deje el trino y el acorde que nunca más suene mi guitarra que camine solo por las sombras que se vaya todo a la misma mierda esa mierda de donde nació todo un día de la nada.

Desde el alcohol

Perdido en esta copa de vino al filo de esta sucia barra tu nombre aparece en cada sorbo como una pesadilla Estás conmigo, pero lo estás? Qué dicen tus ojos negros? Qué dice tu beso de espuma? Como interceptar los signos en esta botella de vino? Te amo Como no esperé amar pero me amas? Cuantas copas más me dirán la verdad? o no la sabré? acaso volveré a la espera de tu respuesta cuando esté sobrio?

Mi Tamiz

Aprendí a acariciar la piel de una mujer de sol e iluminarme en el brillo de sus ojos tan negros como la noche que termina. Después de haber prendido mis manos en el fuego eterno de los árboles que se han quemado sobre mi patio, me acerqué a ella y le ofrecí mis labios para que los sanase con su beso de espuma. Volé sobre su pecho hasta el alba, mientras ella rayaba con tiza y guardaba en un baúl los recuerdos oxidados por la brisa de nuestras lágrimas. Así fue, como un ave que se posa sobre una isla en el medio del océano, navegué por su piel con la inocencia de un niño que da sus primeros pasos. Ella me abrazó con sus piernas y brazos a la vez, me acercó hasta sí con la fuerza de una ola que se funde en el mar, y así se transformó en mi manto y mi tamiz