Ávido estará tu reflejo siempre en mi espejo
por cuánto ese reflejo no fue más que aire,
ese aire animal que por consecuencia nos dejó la gracia,
gracia animal, vanidosa y teatral que bien conoces
eso que conoces de sobra pero de lo que no hablas,
no lo hablas con nadie porque te delata,
y bien sabes que te delata porque descubre tu arrogancia
Esa arrogancia falaz y altanera del poeta sin sentido,
ese sin sentido que haces sonar en tu guitarra,
esa arrogancia con la que adornas tu prosa,
eso que repites en tu discurso vacío
discurso vacío y tormentosamente cínico.
Pero yo bien te conozco, sé que no eres más que semicírculos perdidos
no eres más que un par de notas elípticas arrojadas en un piano,
Eso que suena bien para un oído que no ha sido adiestrado.
Lo supe cuando pasamos noches y días en una barra de miseria y humo
humo que saturaba nuestros cuerpos intoxicados con cerveza y con mal vino
En esa barra fría en donde chocamos nuestros rostros frente a mi espejo.
Ahí es donde ávido estará siempre tu reflejo
en ese espejo, en el mismo en que yo me he desangrado día tras día
en el mismo en el que he llorado por nuestras almas perdidas.
Pero sé que aún de eso tu sobrevives; y no te culpo porque yo jugué el mismo juego
La diferencia es que yo me miro en mi espejo y sangro, muero y revivo.
Tú en cambio lo utilizas como un puente para escapar de tí mismo
por cuánto ese reflejo no fue más que aire,
ese aire animal que por consecuencia nos dejó la gracia,
gracia animal, vanidosa y teatral que bien conoces
eso que conoces de sobra pero de lo que no hablas,
no lo hablas con nadie porque te delata,
y bien sabes que te delata porque descubre tu arrogancia
Esa arrogancia falaz y altanera del poeta sin sentido,
ese sin sentido que haces sonar en tu guitarra,
esa arrogancia con la que adornas tu prosa,
eso que repites en tu discurso vacío
discurso vacío y tormentosamente cínico.
Pero yo bien te conozco, sé que no eres más que semicírculos perdidos
no eres más que un par de notas elípticas arrojadas en un piano,
Eso que suena bien para un oído que no ha sido adiestrado.
Lo supe cuando pasamos noches y días en una barra de miseria y humo
humo que saturaba nuestros cuerpos intoxicados con cerveza y con mal vino
En esa barra fría en donde chocamos nuestros rostros frente a mi espejo.
Ahí es donde ávido estará siempre tu reflejo
en ese espejo, en el mismo en que yo me he desangrado día tras día
en el mismo en el que he llorado por nuestras almas perdidas.
Pero sé que aún de eso tu sobrevives; y no te culpo porque yo jugué el mismo juego
La diferencia es que yo me miro en mi espejo y sangro, muero y revivo.
Tú en cambio lo utilizas como un puente para escapar de tí mismo