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Paroxismo

Ni El aire por el aire,
que no se libere la espora
que el océano se haga  inhóspito
que tome su curso mi nave solitaria
que no me alcance el amor
ni desgarrado ni paupérrimo
ni el amor de aire ni de nave solitaria
que me deje el trino y el acorde
que nunca más suene mi guitarra
que camine solo por las sombras
que se vaya todo a la misma mierda
esa mierda de donde nació todo
un día de la nada.

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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...