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Locura

Desde mi locura que se presentase inerte
en las maravillas de mi mente, en este lugar
Aquí donde he vivido la ignominia de tu ego, mujer
Acompañado del silencio de las flores inmóviles
que solo rompe el silbido de tus vientos

Desde este lugar en donde las montañas se hacen eternas
y el frio abunda en cada piedra que roza tu aliento.
Aquí se hace relámpago tu fuego en cada día soleado
y tu sombra aparece en en cada nube que toca el cielo

Aquí la nieve cae cuando visualizo tu rostro
y los lagos se tornan celestes cuando pienso en tus ojos
En este paisaje hermoso solo tu haz vivido mujer,
yo solo puedo contemplarlo desde lejos
y perderme, perderme en esta locura

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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...