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Tu Danza

Ahí vas de nuevo con tu mano aérea
saliendo de tu áureo cabello y
deslizándose tierna ráfaga de soles
quemantes, como si fueras
bestia de pechos sudorosos, brillantes
y de rostro hambriento buscando
mi carne que ya es esclava
clavada en tu cintura desnuda que roza
la seda de las telas colgantes,
cómplices de tus piernas de bronce
que abrazan mi pecho agitado.

Loca danza te agita y te envuelve,
y me quedo en el movimiento de tu imagen
y tu rostro que reclama mi entrega
Como pétalo de orquídea flotando
sobre mi estómago encendido de tu hambre.
Nave de deseo y relámpago en el silencio
de la noche en término, oscura
como tus caderas entregadas, perdidas
en el ritmo de tu vientre, beso a beso,
y tu baile en beso te hace éter
en nuestro lecho de espuma blanca.

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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...