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Isla Negra


Entre poetas lúdicos y músicos perdidos
compré un libro en prosa de Mario
motivado por la insistencia de las olas
que rompen y resuenan frente a la casa de Pablo.

De pronto una voz senecta se escuchó,
liberó un verso femenino, lacónico
que voló y se posó sobre los techos
de las casas de Isla Negra

Poetisa melancólica, toma aire y suspira
humedece tus palabras con esta brisa marina
Mira allá sobre las rocas
tus versos flotan y caen lentamente
como trozos de papeles brillantes
que reflejan la luz del sol
que se pone sobre el pacífico.

Playa,
Gloria divina y majestuosa,
contorno mágico que dibuja el mapa,
absorbe sus frases con tu arena
bébelas porque son parte de tu pueblo
Grábalas con espuma en la línea que separa
el océano de la tierra de Isla Negra.

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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...