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Colisión

Sedúcete muerte estúpida con la birueda
que viene estrepitosa sobre la corteza asfaltada.
Quema el caucho que la sostiene en el pavimento
hasta que caigan inertes las masas con tu espanto.

Excítate muerte obscena con los cuerpos
suprimidos y mutilados por la prisa de los vivos
disfruta de tu orgía pecaminosa con las causas,
llénate de placer con las sangres derramadas.

Colúdete con el azar y condúceme inmóvil
hasta el punto exacto de tu obra estéril
y hazme cómplice de tu designio asesino.
Declárame culpable de tu juicio maldito.

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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...