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Rigidez Pre-Mortem

De rosa y de espina crece ansiosamente
como en virtud de un asedio permanente
el momento de encontrarse con la muerte
resignado ante el miedo y angustia latente
me sofoco flotando sobre mi cuerpo inerte.

Que más pálido que el momento preciso
del último segundo, del aliento inconcluso
cuando se van apagando y se vuelven confusos
los suspiros terrestres y los recuerdos hermosos
de una vida acabada por el invencible reposo.

Fina y triste lloverá la angustia en mi mirada
al sentir que se clava, como punta de espada
la promesa de Hades y quedará marcada
en mi descendencia, en el rostro de mi amada
y en la pupila llorosa de mi gente asustada.

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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...