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Eso que hacen tus labios

Entre sábanas suaves, tibias de verano
desvariando húmedos por mi mano
entreabiertos tus labios dorados,
salivosa lámina empapada
recubre mi ansia sofocada

Se van, vienen, bajan con su ojo
Huracán delicioso va llevando mi carne,
arranca suspiros, se apodera de mi aliento,
torbellino lujurioso bajando a mi centro.

Labio bronce delicado y certero,
boca grana recorriendo mi cuerpo
dulce roce jugando con el tiempo,
hacen eterno el momento que espero.

Llegan, se quedan, se mueven, rebotan
Se apoderan de mi sangre y explotan
Se clavan sobre mi deseo encendido
abrazan el éxtasis de mi piel enmudecida.

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Aparecimos alguna vez erráticos animales inútiles, suicidas y torpes; micro destructivos vagabundos carentes de sentido y brújula; sin expectativas y en el vacío, indefensos en la hostilidad del infinito que creímos adverso pero que no era más que indiferente. Nos hicimos figura de una tormenta, una gran tormenta en remolino, un torbellino naufragando al viento;  aves sin rumbo aleteando sin estacionarse, hojas de otoño flotando en círculos sobre el suelo de nuestra ignorancia, insignificantes remolinos revoloteando en la superficialidad de lo ínfimo. Y así fuimos rueda al pavimento húmedo y a la piedra lluvia, gravitamos en la imparable cinética del universo;  en la materia, en la antimateria, en el átomo, en la partícula. En el silencio fuimos los enormes estruendos de las nebulosas. Como motas de polvo, atrapadas y arrastradas por el giro de un molino que nos posó sobre sus astas; y los segunderos de un reloj que borraba las huellas de nuestras pisadas al instante, n...